Hay una parte de las Fallas que el gran público casi nunca ve. Es la que transcurre durante meses entre polvo de porexpán, estructuras de madera, barro, masillas, planos, pinceles y conversaciones interminables sobre composición, sátira y equilibrio. Allí nacen realmente las fallas. Cuando el visitante la contempla ya plantada, el proceso creativo prácticamente ha desaparecido.

Precisamente para hacer visible ese universo oculto nació una iniciativa pionera impulsada por El Turista Fallero: abrir simbólicamente los talleres al público mediante la campaña «Los artistas falleros toman la palabra», permitiendo que fueran los propios artistas quienes explicaran sus proyectos desde el lugar donde estos se gestan. A través de contenidos accesibles mediante códigos QR, el visitante podía conocer a pie de la falla plantada el proceso creativo, las decisiones artísticas, las dificultades técnicas y la filosofía de cada una antes incluso de haberle acabado de “dar la vuelta”.

No se trataba únicamente de mostrar cómo se construye una falla. La iniciativa perseguía algo mucho más profundo: devolver el protagonismo al artista fallero como autor, reivindicar su papel creativo y acercar al público un oficio que combina escultura, pintura, diseño, arquitectura efímera y narrativa visual.

Dentro de esa serie de entrevistas, uno de los nombres imprescindibles es el de Mario Gual, cuya trayectoria reciente está íntimamente ligada a la evolución artística de Na Jordana de los últimos años. Nacido en Valencia en 1983, Mario Gual pertenece a una generación de artistas que combina la tradición escultórica valenciana con una sólida formación en diseño gráfico. Antes de consolidarse como artista fallero desarrolló trabajos en el ámbito del diseño y la decoración, una experiencia que posteriormente trasladaría a su lenguaje plástico dentro de su universo fallero.

Su debut en la sección Especial llegó en 2014 (L’Antiga de Campanar, Dibidi Badi Voo Doo) y desde entonces ha desarrollado una carrera ascendente tanto en Valencia como en las Hogueras de Alicante, caracterizada por una personalidad visual muy reconocible: un estilo que va más allá de la espectacularidad. Hablar de Mario Gual supone hablar de un autor que entiende la falla como una obra narrativa donde se entremezclan composiciones muy cuidadas para construir un relato global con la fuerte influencia del diseño gráfico en la organización visual, el empleo de grandes contrastes cromáticos, las referencias constantes al simbolismo, la fantasía, la literatura y la iconografía clásica y, sin duda, una especial atención a la atmósfera artística de cada falla sin dejar de lado sus inspiraciones que van desde el art nouveau hasta el imaginario fantástico, utilizando la estética como vehículo para desarrollar la crítica y la reflexión.

Existen relaciones entre artistas y comisiones que trascienden el encargo anual. Eso es precisamente lo que ha sucedido –está sucediendo– entre Mario Gual y Na Jordana. La colaboración comenzó con el proyecto preparado para las Fallas de 2020, una edición que nunca pudo contemplarse por la suspensión provocada por la pandemia y que convirtió a Jordana en una de las pocas fallas que tendrían que arder al no poder desmontarse. Desde entonces, la comisión del Carmen ha mantenido una confianza continuada en el artista, renovando año tras año una apuesta que ha terminado convirtiéndose en una de las asociaciones creativas más sólidas de la sección Especial: “Miracle!” (2020), “Reinaixen$A” (2022), “Esperança, fe, amor i sort” (2023), “Records de l’avenir” (2024), “El tarot de les flames” (2025) i “Passions a la deriva” (2026) así lo confiman. Cada una de ellas ha mostrado una evolución estética sin romper una identidad común basada en la imaginación, la riqueza escultórica y la narrativa visual y que han supuesto el regreso de Na Jordana al podio, con un especialmente significativo tercer premio en 2025 con «El tarot de les flames«, tras más de dos décadas fuera de él.

Más allá de la clasificación, Mario Gual ha contribuido decisivamente a renovar el lenguaje visual de Na Jordana, reforzando su identidad como una de las comisiones con mayor personalidad artística de Valencia.

Precisamente por artistas como Mario Gual cobra especial sentido la propuesta desarrollada por El Turista Fallero. Cuando el visitante contempla únicamente la falla terminada, desaparecen meses de decisiones: cómo evoluciona un boceto; por qué una figura cambia de posición; cómo se equilibra una composición de veinte metros; qué referencias culturales hay detrás de una escena; de dónde nace la sátira… La campaña «Los artistas falleros toman la palabra» invierte esa lógica. Sitúa al público dentro del proceso creativo y convierte el taller en un espacio de divulgación cultural. El artista deja de ser un nombre escrito en un cartel para convertirse en el narrador de su propia obra. Abrir las puertas —aunque sea de forma digital— de los talleres supone acercar al visitante a la verdadera esencia de la fiesta: el lugar donde las ideas se convierten en volumen y donde la tradición dialoga con la innovación.

La experiencia de Mario Gual con Na Jordana ejemplifica perfectamente ese recorrido. Sus fallas no nacen únicamente para competir en la sección Especial; nacen de un proceso creativo complejo que combina investigación estética, simbolismo, escultura y narrativa.

Gracias a iniciativas como la impulsada por El Turista Fallero, ese proceso deja de permanecer oculto y pasa a formar parte de la experiencia del espectador. Porque entender una falla no consiste únicamente en admirarla durante cuatro días en la calle, sino también en descubrir cómo y por qué ha llegado hasta allí. Esa mirada al interior del taller permite comprender mejor el verdadero valor del artista fallero y el enorme trabajo que sostiene uno de los patrimonios culturales más singulares del mundo.

📷 Fotos de José Espolín