En la primera década del siglo, el academicismo y la monumentalidad más reiterativos que venían dominando las secciones especiales empezaron a convivir con nuevas corrientes estéticas que colocaron en el epicentro de esta renovación de las fallas infantiles al tándem formado por José Luis Ceballos García (Valencia, 1978) y Francisco Sanabria Casado (Valencia, 1979), conocidos artísticamente como Ceballos y Sanabria. Auténticos investigadores del arte fallero y del arte popular, su obra no puede entenderse simplemente como «fallas para niños», cuestión que ha quedado clara a lo largo de una trayectoria que representa la consolidación de un estilo propio —caracterizado por la Neo-ilustración, el trazo limpio, la sátira blanca y una rigurosa documentación histórica— que ha dejado una huella indeleble, especialmente en la plaza del Ayuntamiento de Valencia donde regresarán en 2027 con «Temps de falles».
Para quienes lo desconozcan (aunque fueron protagonistas de una interesante entrevista en las páginas 20 a 23 de El turista fallero de 2025), ambos artistas comparten una sólida formación académica que los diferencia de los talleres falleros de aprendizaje puramente gremial. Licenciados en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia y con estudios en la Escuela de Artes y Oficios, unieron sus talentos en el año 2003 para romper con el modelado hiperrealista o de caricatura Disney que saturaba los años 90. Introdujeron volúmenes planos, figuras estilizadas, ojos expresivos y un uso del color apastelado pero vibrante, bebido de la ilustración editorial infantil contemporánea. Cada falla, podría pensare, se concibe como un libro ilustrado en tres dimensiones, con una altísima carga pedagógica, histórica y cultural donde los ninots derrochan ternura, pero también una fina ironía.
Hablar de Ceballos y Sanabria es hablar, inevitablemente, de la falla infantil municipal de Valencia, donde ningún otro taller en la historia de la fiesta ha plantado tantas veces consecutivas, convirtiéndose, sin duda, en los mejores cronistas oficiales de la ciudad en formato infantil durante más de una década. Su debut en la plaza consistorial se produjo en 2008, y desde entonces han firmado un total de 13 fallas municipales (hasta su última intervención conjunta confirmada en 2023). Entre 2008 y 2011, acercaron la historia de Valencia a los más pequeños sin caer en el aburrimiento institucional y dejando clara cuál sería la composición-marca-de-la-casa de sus fallas: circular o piramidal y facilitando la lectura de la falla desde cualquier ángulo.
«Una ciutat… en plena festa» (2008) fue su carta de presentación, una oda a la integración y a la propia fiesta fallera, a la que seguirían «València 1909» (2009) – un recorrido por la arquitectura y los ilustres valencianos de principios del siglo XX-, «Entra i voràs» (2010), centrada en la València museística y en 2011, «A la tribuna del Túria», una más que brillante fusión entre el tribunal de les Aïgues, el río y sus acequias.
Su consolidación y madurez didacticas llegarían a partir de 2012 con “Viva la Pepa”, “La València daurada” (2013) y «Ajuntament infantil», en 2014, una de las fallas más ingeniosas del binomio. La falla replicaba la propia fachada del Ayuntamiento, y los ninots escenificaban el día a día de la gestión municipal vista por los niños. En 2015, “Painting València” acercaría los pintores valencianos a los más pequeños, desde Sorolla a Antonio de Felipe y, un año después, “De barri en barri” nos llevarían a un viaje geográfico y humano por los diferentes distritos de Valencia, ensalzando la periferia y la identidad de cada barrio.
Tras un breve parón donde la plaza apostó por otras estéticas, Ceballos y Sanabria regresaron por la puerta grande en una etapa lamentablemente marcada por la crisis de la COVID-19, que convirtió a sus fallitas en símbolos de resiliencia. «Saps qui sóc?», dedicada a los valencianos y valencianas ilustres de la historia (desde Joan Lluís Vives hasta Blasco Ibáñez o la impresora Jerònima Galés) quedó aplazada históricamente hasta septiembre de 2021, convirtiéndose en un hito de la «festa de reinaxença». En 2002, además, se resarcirían con “Saps qui sóc també?”, que vendría a cerrar un ciclo abierto con la anterior falla, siguiendo una misma línea didáctica. En 2023, «Valencians en dansa» se descubriría como una bellísima revisión de las danzas tradicionales valencianas, sus indumentarias y su música, cerrando un ciclo áureo en la plaza más importante del mundo fallero con “Llegir en verd” donde la pareja sumaría a la creadora Marina Puche en una ecuación donde podían adivinarse los estilos de ella y de ellos, sin ninguna duda.
Desde la perspectiva artística, las fallas de Ceballos y Sanabria aportan tres valores fundamentales al patrimonio cultural valenciano: la dignificación de la falla Infantil sobre la que demuestran que no es un subgénero menor; concebirlas como aulas abiertas donde el espectador (no necesariamente infantil) no solo admira la estética, sino que se retira habiendo aprendido y la colaboración multidisciplinar. Las fallas de Ceballos y Sanabria, en definitiva, han demostrado que exigen el mismo rigor técnico, compositivo y narrativo que la falla grande.
A lo largo de su carrera, además de la plaza del Ayuntamiento, han plantado en comisiones de enorme prestigio como Exposición-Micer Mascó, Conde Salvatierra-Cirilo Amorós, Quart-Palomar y, de manera muy especial, con la Falla de Paz-Reina-San Vicente (El tío Pep) en sección especial, donde el matrimonio entre artista y comisión no siempre ha sido reconocido justamente por los jurados.
José Luis y Francisco, Francisco y José Luis, no solo han escrito una página de oro en el libro de la falla municipal; han redefinido el lenguaje de la falla infantil del siglo XXI y han aportado un legado: el de educar divirtiendo, que la pintura plana podía ser tan expresiva como el mejor de los barroquismos, y que la historia de Valencia era el mejor argumento para quemar cada 19 de marzo. Su obra ya es un referente imprescindible que volverá a ser fuego fuera de concurso el año que viene.

