En nuestro último número de «El turista fallero», la periodista Amparo Martín Moret entrevistaba a la fallera mayor de Valencia, Carmen Gil Prades, con un fantástico reportaje fotográfico de José Espolín. Lo reproducimos a continuación y recuerda que, con todas sus imágenes, puedes encontrarlo en nuestra revista:

Carmen se pasea junto a Marta por la cuna donde comienza a crearse la base de la indumentaria valenciana: el Museu de la Seda, que este año ha abierto sus puertas a El turista fallero para ser el mejor escenario de esta entrevista. La fallera mayor de Valencia, Carmen Prades Gil, admira cada elemento de los telares expuestos, como el que tejió su espolín de fallera mayor, el “terreta”, que cumplió expectativas y, a la vez, sorprendió al mundo fallero…

Fui con mis padres a ver el color del espolín al día siguiente de la llamada de la alcaldesa. Tenía muy claro el color, no tanto el tono de las flores. Pedí un tono topo, tirando a piedra, y al ver el terreta dije: «Ese».

En el momento de esta entrevista, la casa de la fallera mayor de Valencia todavía huele a flores de las canastillas florales que recibió el día de su exaltación…

Al día siguiente, despertarte, saber que tienes la presentación de Marta y que tu familia te ponga la banda… se vive ya todo de otra manera. El día de la exaltación son muchas emociones bonitas juntas: tu Corte, la entrada al Palau, las canastillas, el mantenedor… Al día siguiente te despiertas con el sueño cumplido…

¿Tenías expectativas con el cargo?

Toda fallera tiene en algún momento ese sueño. Cualquier niña se ha puesto en la piel de llegar a ser fallera mayor… Otros años has vivido por la tele la exaltación y piensas: «¡Qué pasada!», y de repente te encuentras ahí… Es muy difícil expresar con palabras cómo me siento. Así que, expectativas cumplidas.

Un discurso, el de tu mantenedor, Boro Peiró, muy personal y muy dedicado a las trece…

Fue genial, he tenido muchísima suerte. Es amigo de la familia y, además, suele ser presentador de los actos de mi falla, Convento. Siempre he pensado que el mantenedor debe tener conexión, algún vínculo, con la fallera mayor. Le hice mucho hincapié en que tuviera muy presente a la corte de honor, le pasé datos de ellas y quedamos un día con las chicas para que las conociera bien y poder hablar de ellas en la exaltación tal y como son.

Háblame de tu corte, Carmen.
Son increíbles y, aunque yo las encabece, quiero que todo el mundo las conozca, porque han llegado prácticamente al mismo lugar que yo. Formamos un buen equipo. Tenemos un carácter diferente, pero cada una aporta algo que hace que el grupo esté equilibrado. Vamos a vivir juntas este año y, cuando alguna vez flaqueo porque voy sola a algún acto y ellas han podido descansar, pero yo no, entonces me animan por el grupo y me escriben cosas como: «¡Venga, capitana, que tú puedes!».

¿Cómo de importantes son las familias?
Muy importantes. Yo he tenido mucha suerte. Valoro mucho la labor del jurado: ha sabido elegir bien a las trece, se dedicó mucho tiempo a conocernos a nosotras y a nuestras familias; nos hicieron dos entrevistas con los padres.

Poco se habla de la soledad de la fallera mayor…
Existe. Hay momentos donde el protagonismo es maravilloso, pero me pierdo muchas cosas de grupo: me pierdo bromas, cotilleos… Por eso hago hincapié en que la corte es fundamental. Sin una buena corte, sin un buen apoyo, la soledad de la fallera mayor puede ser importante. Afortunadamente, no es mi caso.

A sus 26 años, Carmen vive con sus padres, con los que mantiene una relación inmejorable. Y este año se han volcado en su cargo de fallera mayor, aunque cada uno a su manera…
Mi padre ve lo bonito de la fiesta: las cenas en el casal, la presentación, lo protocolario… Está disfrutando mucho. Mi madre, todo lo que necesito para estar perfecta: peinado, indumentaria, todo lo que mi padre no ve. Mi madre me sugiere detalles y colores, pero los dos me dejan decidir a mí.

Siempre hay curiosidad por saber quién viste y pone guapa a la fallera mayor de Valencia y cuántos vestidos se ha confeccionado…
Eduardo Cervera ha sido siempre mi indumentarista y, en un año tan importante, no iba a ser de otra manera. Me peina y me maquilla Carles Escribano. El vestido de mi Exaltación lo confeccionó Montaña, que además es madre de una componente de mi Corte de honor, y también me hace ilusión que me lo haya cosido ella. Cuento con los siete trajes que me hice el año pasado. Y el espolín terreta de la Exaltación es el que hace trece.

Y es que el número trece te acompaña en tu suerte, Carmen…
Sí, el número trece es mi favorito. En la elección del sector salí con el número trece, en el Roig Arena salí la número trece, aunque salir la última no se lo doy a pasar a nadie.

Fallera de Convento desde los doce años, Carmen vivió el año pasado, como representante de esta comisión de especial, un año completo…
He tenido muchísima suerte. Yo iba a ser fallera mayor de Convento en 2024, pero la fallera mayor siguiente me pidió cambiar el año. De esta manera, y por circunstancias ajenas a mí, se cambió de artista, conseguimos el primer premio de especial, el “ninot indultat”… Fue un ejercicio redondo.

Además de la exaltación, ¿con qué momento mágico te quedas?
Nunca me lo hubiera esperado, pero el encendido de luces de navidad resultó un momento mágico. Ahí me di cuenta de qué significaba ser fallera mayor de Valencia.
Y ahora no queda nada para la semana fallera y los actos se suceden sin parar…

¿Cuál esperas con más expectación?
La “plantà” es un acto que me encanta. Soy fallera de falla y me gusta mucho apoyar a los artistas. Vicente y Alejandro no me lo quieren contar todo y estoy ilusionada. La ofrenda la espero con emoción, al igual que la “crida”… Este es un día que espero con muchas ganas, pero soy muy autoexigente y me da cierto miedo. Innovar es complicado porque la “crida” es lo que es, pero espero no defraudar.

Una “crida” conjunta que Carmen hará con Marta, la fallera mayor infantil de Valencia, y muchos otros actos que compartirán. ¿Os complementáis vosotras?
A Marta ya la conocía desde el año pasado porque pertenecemos al mismo sector. Es una niña que llama la atención. Con Marta se te va la mirada porque piensas: «Esta niña es un bombón». Es muy extrovertida, muy enérgica y te motiva. Sin duda, será un gran apoyo, ya que vamos a vivir muchos actos juntas. A mí me gusta que el colectivo infantil esté representado por una niña, niña. Y Marta es así: una niña espontánea, risueña y alegre.

De ti dicen que tienes aura, y yo lo corroboro en esta entrevista…
Gracias, eso dicen. Soy bastante serena. La figura de la fallera mayor la tengo entre algodones, la respeto muchísimo y la quiero cuidar.

¿Cuál crees que es el carisma que debe tener una buena fallera mayor?
Creo que la empatía es fundamental; hay que ser una buena líder, tener en consideración a tu equipo, a tus chicas y al mundo fallero. En definitiva, ser una fallera normal. No hace falta tener todos los conocimientos del mundo y, con humildad, continuar aprendiendo.

Cómo te gustaría que te recordaran…
Más que a mí como Carmen Prades, quiero que recuerden a la persona que llevó la banda de fallera mayor este año. Yo siempre he admirado desde pequeña la imagen de la fallera mayor de Valencia y, por eso, sé que mucha gente me tiene este año como referente. A mí me ha costado mucho construir mi vida fallera y quiero darles a esas niñas una buena imagen del cargo, porque sé que hay muchas falleras que ansían y sueñan con llegar aquí, como yo lo soñé en su día… Yo admiro la fiesta de las fallas porque es una de las fiestas que más cuida la figura de la mujer. Tenemos que sentirnos orgullosos de que la imagen de las fallas la lleve una mujer. Que la representación de la fiesta recaiga en la figura de la mujer no tiene que crear controversia, sino todo lo contrario: orgullo.

Orgulloso está el mundo fallero por tenerte, Carmen Prades Gil, como Fallera Mayor de Valencia.